El "nuevo contrato social" propuesto por la UNESCO se aplica hoy como un marco para reimaginar la educación basándose en la cooperación y el beneficio común, alejándose de los modelos puramente individuales o automatizados. Su aplicación práctica se centra en los siguientes pilares:
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Reequilibrio de relaciones: Se busca armonizar nuestra conexión con tres ejes fundamentales: los demás seres humanos, el entorno natural y la tecnología. Esto implica, por ejemplo, cuestionar si queremos un futuro donde los niños pasen la mayor parte del día frente a una pantalla y, en su lugar, priorizar el contacto con la naturaleza y la comunidad.
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Prioridad a los fines colectivos: A diferencia de visiones pasadas centradas solo en el éxito personal, este contrato aboga por una tecnología que avance en los objetivos públicos y la salud colectiva de la sociedad. La educación no se ve solo como un medio para obtener habilidades académicas, sino como una herramienta para construir el mundo que deseamos.
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La escuela como espacio de socialización: Se aplica hoy defendiendo la importancia de los espacios físicos. La educación debe cumplir su propósito de socialización, permitiendo que los estudiantes interactúen con sus pares y con adultos fuera de su círculo familiar, algo que la tecnología por sí sola no puede replicar.
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Humildad tecnológica y "trasteo" (tinkering): En lugar de ver la tecnología como una solución mágica que reemplaza al docente, se promueve su uso como una herramienta con la que se puede experimentar para mejorar procesos específicos, manteniendo siempre el intercambio humano como algo vital.
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Visión proactiva del docente: Se insta a los educadores a no ser simplemente "reaccionarios" ante innovaciones como la IA, sino a definir una visión positiva y un destino claro hacia el cual quieren dirigir la educación, utilizando esa visión para dar forma al presente.
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Atención al bienestar integral: La aplicación actual reconoce que las escuelas físicas proveen servicios que la tecnología no puede sustituir, como el cuidado de la salud, la alimentación y el bienestar emocional de los alumnos.
En resumen, el nuevo contrato social es un llamado a cambiar el rumbo si el camino actual se considera insostenible, poniendo la tecnología al servicio de la humanidad y no al revés.